| La oportunidad para reducir el calentamiento climático en el Ártico: disminuir las emisiones de carbono negro Uno de los efectos secundarios de la Covid-19 es que nunca antes habíamos sido tan conscientes del aire que respiramos. Uno de sus contaminantes es el carbono negro, u hollín, una partícula fina que procede de la quema parcial de los combustibles, entre otras fuentes. Sin embargo, sus emisiones no sólo afectan a la salud humana, sino a la salud del planeta. Son un agente de calentamiento climático con un alto impacto en el Ártico, especialmente cuando proceden del transporte marítimo. | | | En todo el mundo los barcos suelen utilizar el combustible más barato y sucio que queda del proceso de refinado del petróleo: el fuelóleo pesado (HFO), que produce altos niveles de carbono negro cuando se quema. Cuando los barcos navegan en el Ártico o cerca de él, emiten partículas de carbono negro que se posan sobre la nieve o el hielo. Ello reduce la reflectividad (albedo) y aumenta la absorción de calor, acelerando el deshielo. Pero hay que tener claro que lo que ocurre en el Ártico no se queda en el Ártico: los cambios que se producen en el norte tendrán repercusiones más al sur. De hecho, la reciente Filomena que causó el caos en nuestro país se ha relacionado con las consecuencias del calentamiento del Ártico. ¿Se está haciendo lo suficiente para reducir el impacto del cambio climático en el Ártico? En noviembre de 2020, la Organización Marítima Internacional (OMI) -el organismo de la ONU que rige el transporte marítimo- aprobó la prohibición del uso y transporte de HFO en esta región. Aunque los grupos ecologistas e indígenas han luchado durante años para que el Ártico esté libre de HFO, esta prohibición contiene grandes lagunas legales que supondrán reducciones mínimas en el uso y transporte de este combustible. Con esta normativa, las emisiones de carbono negro seguirán, por ahora, aumentando. Esta semana se reúne el Subcomité de Prevención y Lucha contra la Contaminación de la OMI (PPR 8) y el carbono negro estará en el orden del día. Tras más de una década debatiendo, nunca se han tomado medidas para reducir las emisiones. Ahora los Estados miembros de la OMI tienen la oportunidad de hacerlo de forma rápida y eficaz. Pueden, y deben, establecer normas que garanticen que el sector naviero cambie a combustibles destilados, como el gasóleo o el gasóleo marino (MGO), o a otras fuentes de energía más limpias, para los buques que operan en el Ártico o en sus proximidades. Además, los buques que utilicen diésel o MGO también deberían estar obligados a instalar y utilizar filtros de partículas. Obligar a cambiar de combustible para reducir las emisiones de carbono negro sería una victoria fácil para la OMI y para el sector marítimo. También sería una victoria para el clima mundial, para el Ártico y para las personas que dependen de su ecosistema para vivir. | | | La actualidad sobre el transporte marítimo ¿Quieres estar al tanto de las últimas novedades sobre transporte marítimo y saber, entre otras cosas, cómo evoluciona la prohibición del HFO? Cada dos meses, recopilamos las últimas novedades del sector en materia de regulación y políticas públicas, tecnología e industria. | | | | | | |
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada